Pocas ciudades del Mediterráneo han vivido tantas vidas como Esmirna (hoy Izmir). Situada en una bahía privilegiada de la costa egea de Turquía, este histórico puerto ha sido durante más de 3.000 años punto de encuentro entre Oriente y Occidente, cuna de poetas legendarios y refugio de comerciantes de medio mundo.
Si estás paseando por sus calles o planificando tu viaje, entender su pasado transforma por completo la experiencia. Este es el viaje en el tiempo de la ciudad.

Los orígenes y la era griega: La cuna de Homero
Los primeros asentamientos en la zona se remontan al III milenio a. C., pero la Esmirna que conocemos empezó a tomar forma con la llegada de los griegos eolios y, posteriormente, los jonios hacia el siglo X a. C.
En esta época arcaica, la ciudad floreció hasta tal punto que la tradición sostiene que Homero, el autor de la Ilíada y la Odisea, nació o vivió a orillas del río Meles, que cruza la región. Tras ser destruida por los lidios en el siglo VI a. C., la ciudad resurgió con esplendor gracias a Alejandro Magno, quien ordenó refundarla en la falda del monte Pago (hoy Kadifekale).

El esplendor romano y bizantino
Bajo el dominio del Imperio romano, Esmirna se convirtió en una de las urbes más prósperas de Asia Menor. Compitió directamente con Éfeso y Pérgamo en riqueza y arquitectura.
Un dato clave: Esmirna fue una de las Siete Iglesias del Apocalipsis mencionadas en la Biblia, lo que la convirtió en un centro neurálgico para el cristianismo primitivo. San Policarpo, uno de los primeros obispos de la ciudad y discípulo del apóstol San Juan, fue martirizado aquí en el año 155 d. C.
Tras la división del imperio, la ciudad pasó a manos bizantinas, aunque sufrió frecuentes incursiones y disputas comerciales durante la Edad Media entre árabes, cruzados y genoveses.

La era otomana: El gran puerto cosmopolita
En el siglo XV, Esmirna quedó integrada definitivamente en el Imperio Otomano. A partir del siglo XVII, experimentó su mayor época de esplendor comercial. Su puerto protegido se convirtió en la puerta de salida hacia Europa de la seda, el algodón y las especias que llegaban por las rutas de caravanas de Asia.
Esmirna se transformó en una ciudad profundamente cosmopolita y multicultural. En sus barrios convivían pacíficamente turcos musulmanes, griegos ortodoxos, armenios, levantinos (comerciantes de origen europeo) y una próspera comunidad de judíos sefardíes llegados tras su expulsión de España en 1492. Esta mezcla cultural le valió el apodo de «La Perla del Egeo».

El trágico 1922 y el renacer como Izmir
El siglo XX trajo el capítulo más oscuro y decisivo para la ciudad. Tras la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano, las tropas griegas ocuparon Esmirna en 1919 dentro de la Guerra Greco-Turca.
En septiembre de 1922, el ejército turco liderado por Mustafa Kemal Atatürk recuperó la ciudad. Pocos días después, un devastador incendio destruyó casi por completo los barrios cristiano, griego y armenio. El desastre supuso el fin de la Esmirna otomana multicultural y dio paso al intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía.

La Izmir de hoy
Reconstruida desde cero con un trazado moderno y amplios paseos marítimos como el famoso Kordon, la ciudad adoptó oficialmente el nombre de Izmir.
Hoy es la tercera ciudad más grande de Turquía y destaca por ser una de las más liberales, jóvenes y dinámicas del país. Aunque el fuego borró gran parte de su arquitectura antigua, el espíritu comercial y tolerante de la vieja Esmirna sigue vivo en sus bazares, en su gastronomía y a lo largo de su bahía.

Deja un comentario